Me encanta cuando posas tu rostro sobre la guitarra, dejando caer suavemente tus dedos sobre las cuerdas, y compones una balada, que solo me recuerda a ti, que yo se que cuando envejezca, mis arrugas cubran mi rostro, y ya casi no pueda ver, escuchare esa tonada, una y otra vez para nunca olvidarte, y así recordarte aunque sea solo por un instante...
Mientras se desvanece el humo los recuerdos se posan suavemente en el corazón, y este, les hace un lugar y les acuna para regalarnos una sonrisa al final del tiempo, con olor a melodias al ritmo de balada lejana que se destile de una añeja guitarra española....
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